B.C.S.

EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE LOS CABOS LLEGA AL ZÓCALO CAPITALINO

#FestivalInternacionalde CinedeLosCabos

Como parte de las actividades organizadas por la feria Corazón de México, que reúne en la plaza del Zócalo capitalino la diversidad cultural de los 32 estados de la República, el Festival Internacional de Cine de Los Cabos presentará, por primera vez en este evento y gracias al apoyo de la distribuidora y productora Somos Piano, dos proyecciones totalmente gratuitas del documental mexicano Llévate mis amores, dirigido por Arturo González Villaseñor.

Llévate mis amores aborda el fenómeno de la migración centroamericana hacia los Estados Unidos y su paso por México a través de La Bestia, en un viaje donde miles de migrantes arriesgan a diario la vida, ayudados solamente por un grupo de mujeres desinteresadas conocidas como Las Patronas, quienes día con día les brindan alimento, agua y consuelo al pie de las vías del tren.

Las funciones se llevarán a cabo el miércoles 26 y el sábado 29 de febrero, a las 18:30 hrs en la carpa La Gran Pirámide, ubicada en la Plaza de la Constitución. En la proyección del sábado nos acompañarán tres de “Las Patronas”: Guadalupe González, Leonila Romero González y Sonia Romero González, así como del director del filme, Arturo González Villaseñor, y el fotógrafo, Juan Antonio Mecalvo.

A propósito de esta actividad platicamos con Arturo González Villaseñor, quien en exclusiva nos habló sobre la vigencia y pertinencia de Llévate mis amores, cuyo estreno mundial tuvo lugar en nuestra edición 2014, donde resultó ganador del Premio México Primero a mejor película mexicana.

  1. ¿Cuál fue tu motivación inicial para abordar la historia de Las Patronas? Es decir, ¿tenías especial interés en el tema de los migrantes y eso te llevó a ellas, o conociste primero su labor?

Conocí primero la labor de las Patronas. Jamás he vuelto a presenciar un acto de solidaridad tan tangible y fugaz como el que ellas hacen. A partir de ese momento algo despertó en mí una necesidad de querer transmitir sentimientos y sensaciones. De alguna forma estoy agradecido con ellas porque ellas me enseñaron a expresarme a través del cine.

  1. ¿Cómo fue el proceso de acercamiento con la comunidad y Las Patronas? ¿Cómo lograr que confiaran y se abrieran ante la cámara?

Cuando llegamos al pueblo por segunda vez, no nos interesó enseguida poner una cámara. Todo fue sucediendo de manera orgánica; pues íbamos más allá del comedor. Las casas de las mujeres se convertían en nuestro refugio, aprendíamos mucho de sus vivencias con los migrantes, y sus hijos se convertían poco a poco en nuestros amigos. 

Sabíamos que el acto de preparar y aventar la comida era lo más espectacular y lo que de alguna forma nos llevó a querer regresar una vez más; pero conforme las conocíamos descubrimos que atrás de este acto de solidaridad, había una estructura muy fuerte que mantenía como pilar la entrega de comida.

La amistad fue el preámbulo para conocer sus alegrías, su conexión con el campo o los animales. Todo cobraba sentido al escucharlas hablar sobre sus miedos, sus frustraciones, y sus deseos tanto personales como universales. Esto nos ayudaba a ubicarlas como seres terrenales, no había que adorarlas, ni admirarlas, sino tratar de aprender de ellas para replicar su esencia: Ayudar al que lo necesita.

Para estos momentos la cámara ya compartía los desayunos, las comidas y las cenas. Nos cobijaron con nuestro inocente deseo de querer hacer una película. Las veces que teníamos que ayudar y filmar, nosotros cargábamos la olla con 30 kilos de frijol hirviendo para subirla a la camioneta, mientras ellas sostenían nuestra cámara, o nuestro tripié. La cámara era algo con lo que convivíamos todo el tiempo.

  1. Llévate mis amores se ha exhibido en distintas partes del mundo, ¿cuál es la reacción de los públicos ajenos a este fenómeno, ante la labor humanitaria y desinteresada de este grupo de mujeres? Y, luego del documental, ¿cómo cambió tu percepción sobre el fenómeno de la migración centroamericana?

El estreno de Llévate mis amores coincidió con un momento histórico a nivel mundial: las migraciones alrededor del mundo se volvieron cada vez más frecuentes. Éstas se habían convertido en el fenómeno social de nuestro tiempo.

Cada vez eran más recurrentes las noticias sobre los traslados de pequeñas embarcaciones con cientos de migrantes africanos y asiáticos en su intento por cruzar el mar Mediterráneo para llegar a Europa; la mayoría de ellos, refugiados de conflictos armados en Medio Oriente y África.

En México, los migrantes centroamericanos abarrotaban el lomo del tren de carga conocido popularmente como la “Bestia” –que cruza el país de frontera a frontera: desde la de Guatemala hasta la de Estados Unidos– mientras el gobierno mexicano aceleraba un plan llamado Frontera Sur, que pretendía “proteger” a los migrantes; sin embargo, un programa no detallado, sin objetivos claros, convertía a éstos en personas aún más vulnerables, expuestas a la extorsión de autoridades corruptas y grupos criminales.

Fue así como Llévate mis amores llegó en un momento crucial, poniendo por delante la solidaridad humana sobre las desigualdades alrededor del mundo. Desde la primera proyección en el Festival de Cine de los Cabos en  noviembre de 2014 hasta el día de hoy, el público se ha apropiado de ella.

Al quedar seleccionada para la Gira de Documentales Ambulante, acompañé a la película como invitado especial. La mayoría de las proyecciones se hacía en plazas públicas, donde era común observar a la gente que, atraída por una pantalla inflable y sin saber qué se proyectaría, se sentaba en las sillas acomodadas por los siempre entusiastas voluntarios del festival. Al término de la proyección, el micrófono que daría inicio a las preguntas y respuestas con el público se prestaba más bien para organizarse entre ellos. Abastecer el trabajo de Las Patronas a través de donaciones se había convertido en su objetivo principal y concordaban que las armas para cambiar las injusticias de nuestro país estaban en esas enormes ollas de peltre.

Meses más tarde, viajé al Edinburgh Film Festival en Escocia. Ahí, una migrante española que había llegado a la ciudad en 2008, al huir de la crisis económica hipotecaria, me confesó sus ganas de regresar a su pueblo, de abrazar a su abuela y madre, a quienes no veía desde hacía varios años. Poco a poco fui entendiendo que la película no era exclusiva del contexto actual mexicano y que el público trasladaba parte de su esencia a sus vivencias personales.

La decisión británica de abandonar la Unión Europea (Brexit), el rechazo al acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) por parte de los colombianos y el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos fueron hechos que despertaron una gran incertidumbre en la humanidad. Ante estas fuertes polarizaciones, el mundo se vio consternado y la falta de esperanza alimentaba la apatía en las sociedades. Sin embargo, seguía ocurriendo lo inesperado. En las salas de cine, universidades y embajadas donde se proyectaba la película, revivía la fe y se ponían en marcha luchas sociales que inclusive antes de la proyección no existían.

Sin pretenderlo, Llévate mis amores se convirtió en un trabajo de denuncia, en el que la gente nos explicó a nosotros como realizadores de qué trataba la película y a mí en lo personal, de qué trata el quehacer cinematográfico. Como lo recuerda el historiador y crítico de cine francés Léon Moussinac: “En el cine la humanidad puede tomar conciencia de la esencia de su acción, del sentido de su presencia en el mundo”.

Hoy, a casi siete años desde la primera vez que vi el tren cargado de migrantes, mientras sujetaba con mis manos una pequeña bolsa de comida caliente que horas antes habían preparado un grupo de mujeres, estoy convencido de que el verdadero valor de la vida está en el compartir.

  1. El documental, presentado hace seis años, se mantiene dolorosamente actual. ¿Tienes pensado abordar nuevamente el tema, quizás desde otro punto de vista?

Así es. En el 2019, tuve la fortuna de pertenecer al FONCA, Jóvenes Creadores, en la especialidad de Guión Cinematográfico. El guión aborda la historia de una mujer mexicana que después de vivir en Noruega por más de 20 años, un día, por un problema laboral, deciden deportarla. A la par, su hija, una adolescente quien sí nació en el país escandinavo, enfrenta el proceso de su madre de manera distinta. Pero la deportación es solo la circunstancia que vive como atmósfera alrededor de estos dos personajes. Ya que la trama desarrolla su relación y lo que ambas serían capaces de hacer por permanecer juntas. Aunque esto puede jugar en su contra o no.

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