Cultura

La Orquesta de Cámara Juvenil de Sonora, un bálsamo que abre nuevos horizontes

Bajo la dirección de la chelista Carina Robles Linares, se forma a los estudiantes para que puedan integrarse en la filarmónica del estado y otras profesionales

La búsqueda por formar elementos para la Orquesta Juvenil de Sonora (OJUSON) cambia radicalmente las vidas de 14 niñas habitantes de El Guayacán, una colonia enclavada en el norte de la ciudad y que antiguamente fue un basurero, narra en entrevista la chelista y pianista Carina Robles Linares, directora de este joven proyecto.

La agrupación pertenece a Hermosiarte, fundación dirigida por Fabio Murillo, quien trabaja en El Guayacán promoviendo la música para integrar a los niños en un mejor ambiente.

La Orquesta nace a contracorriente, pero la magia instrumental rinde frutos a pesar de las adversidades, asegura la también integrante de la Orquesta Filarmónica de Sonora y coordinadora de música del Instituto Sonorense de Cultura (ISC).

Carina Robles narra que Fabio Murillo, quien siempre ha pedido la ayuda de maestros, se acercó a la Coordinación de Música del ISC, donde ella es la encargada y quien colaboró primeramente con él para impartir algunos talleres con las niñas.

“Cuando fui a verlas por primera vez se me partió el corazón, percibí mucha necesidad de aprendizaje. Al principio yo me di cuenta de que todo estaba en contra y llegué a pensar que no funcionaría, hasta que finalmente nos empezamos a compenetrar y a trabajar en equipo, incluso con las familias”, relata.

Afirma que son niñas muy valientes, fuertes, determinantes y muy disciplinadas, quienes han avanzado mucho a pesar a vivir en contextos difíciles, obteniendo excelentes frutos.

Sobre los orígenes de la OJUSON, cuenta que surgió en una estancia que el DIF estatal prestó cerca de la Fundación Hermosiarte con la finalidad de iniciar las clases de música, y todo comenzó a fluir: “Primero las inscribí en los talleres de música orquestal, donde, paralelamente a la Casa de Cultura, los integrantes de la Filarmónica de Sonora somos maestros de niños”.

Estas clases son de solfeo y violín, cada una tiene sus maestros. “Han crecido mucho. Actualmente, pertenecen al grupo de la Casa de Cultura como alumnas, y ahí vamos, con mucho esfuerzo, pero dando pasos grandes y muy firmes”, agrega.

Para Carina Robles, la finalidad principal de esta agrupación es formar a las jóvenes para que cuando crezcan, si así lo deciden, puedan integrarse en la Orquesta Juvenil de Sonora.

Explica que imparte sus clases con el método del Dr. Suzuki —basado en la idea de la lengua materna—: “Yo formo músicos para que ocupen lugares en orquestas profesionales, ya sea la Filarmónica de Sonora, la Sinfónica Nacional o la Filarmónica de la Ciudad de México”.

“No es solo un método de educación, sino toda una filosofía fundada en el respeto al niño como persona y en el concepto de que la habilidad no se hereda, sino que se aprende y se desarrolla”, agrega.

Este método le mostró que todo ser humano tiene las mismas habilidades para aprender, sucede que no están en el lugar adecuado; pero todo el mundo puede hacerlo: “Todos tenemos talento, y mi trabajo es despertarlo y desarrollarlo”.

Cuenta que no pierde la fe y confía en que lograrán los objetivos planteados, pues hay alumnos que ya ocupan lugares en la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez, a la cual ella perteneció.

Así se construye otra vida —que también es realidad y se llama música— desde la Casa de Cultura de Sonora, en Hermosillo, a través de la Coordinación de Música del Instituto Sonorense de Cultura, con niñas y adolescentes de entre 9 y 14 años de diversas colonias vulnerables de esa otra ciudad que ha renacido.

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